La gestión de la interfaz de contacto, esencial para la carga rápida y segura de vehículos eléctricos

La recarga rápida es crucial para el éxito de los vehículos eléctricos. Los consumidores esperan cargar sus vehículos con la misma rapidez con la que rellenan sus depósitos de gasolina, y sus decisiones de compra pueden verse influidas por lo cerca que esté un determinado modelo de VE de alcanzar ese ideal.

 Los fabricantes de equipos originales y los proveedores de infraestructuras están respondiendo a esta demanda con corrientes más altas -de 500 A a 800 A y más- y tensiones de funcionamiento de 800 V y superiores. Pero a mayor corriente, mayor generación de calor en todo el arnés de carga, lo que puede reducir el rendimiento eléctrico y la fiabilidad. Si la temperatura de funcionamiento es demasiado alta, el sistema tendrá que reducir la corriente, lo que a la larga ralentizará la carga y anulará el objetivo del aumento de potencia.

 Para ayudar a mantener bajas las temperaturas, es fundamental que cada interfaz de contacto eléctrico a lo largo del recorrido de la red de distribución de energía -desde la entrada hasta la batería y más allá- se diseñe y fabrique meticulosamente para garantizar que introduce una resistencia mínima.

 Los diseñadores de sistemas de conexión y los fabricantes de arneses deben colaborar tanto en el diseño como en el control de procesos para mantener las resistencias lo más bajas posible. Afortunadamente, hay medidas que pueden tomar para garantizar que estas interfaces estén optimizadas para soportar condiciones duras a largo plazo.

Este documento técnico analiza en detalle algunas de estas interfaces, junto con soluciones para gestionar eficazmente la alta resistencia y el exceso de generación de calor.


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La recarga rápida es crucial para el éxito de los vehículos eléctricos. Los consumidores esperan cargar sus vehículos con la misma rapidez con la que rellenan sus depósitos de gasolina, y sus decisiones de compra pueden verse influidas por lo cerca que esté un determinado modelo de VE de alcanzar ese ideal.

 Los fabricantes de equipos originales y los proveedores de infraestructuras están respondiendo a esta demanda con corrientes más altas -de 500 A a 800 A y más- y tensiones de funcionamiento de 800 V y superiores. Pero a mayor corriente, mayor generación de calor en todo el arnés de carga, lo que puede reducir el rendimiento eléctrico y la fiabilidad. Si la temperatura de funcionamiento es demasiado alta, el sistema tendrá que reducir la corriente, lo que a la larga ralentizará la carga y anulará el objetivo del aumento de potencia.

 Para ayudar a mantener bajas las temperaturas, es fundamental que cada interfaz de contacto eléctrico a lo largo del recorrido de la red de distribución de energía -desde la entrada hasta la batería y más allá- se diseñe y fabrique meticulosamente para garantizar que introduce una resistencia mínima.

 Los diseñadores de sistemas de conexión y los fabricantes de arneses deben colaborar tanto en el diseño como en el control de procesos para mantener las resistencias lo más bajas posible. Afortunadamente, hay medidas que pueden tomar para garantizar que estas interfaces estén optimizadas para soportar condiciones duras a largo plazo.

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